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Por Chéster Hernández
La ignorancia, cuando se exhibe desde el poder, no solo es vergonzosa: es peligrosa. Y eso fue exactamente lo que ocurrió cuando el presidente municipal de Huejotzingo, Roberto Solís, decidió improvisar una supuesta explicación histórica del Carnaval de Huejotzingo frente al público, dejando en evidencia su profundo desconocimiento sobre una de las tradiciones más importantes, complejas y simbólicas del municipio que gobierna.
Con ligereza y sin el menor rigor histórico, el edil afirmó que el carnaval representa “cuando un bandolero se roba a la Corregidora”. La declaración, además de absurda, resulta ofensiva para la memoria histórica y para las comunidades que, generación tras generación, han preservado esta celebración como un acto de identidad, resistencia y memoria colectiva.
La pregunta es inevitable: ¿a cuál Corregidora se refiere el presidente municipal?
Si habla de doña Josefa Ortiz de Domínguez, figura clave de la Independencia de México, parece olvidar —o nunca supo— que fue esposa del corregidor Miguel Domínguez, funcionario del estado de Querétaro, y que jamás existió un episodio histórico en el que fuera “robada por un bandolero”. Reducir a una heroína nacional a una caricatura carnavalesca no solo es ignorancia, es una falta de respeto.
Y si el alcalde intentó referirse al tradicional “rapto” que se representa en el carnaval, entonces el error es aún más grave. El Carnaval de Huejotzingo no escenifica el robo de “la Corregidora”, sino episodios históricos claramente documentados: la Batalla del 5 de Mayo, los enfrentamientos entre bandos conservadores y liberales y, de manera particular, el rapto simbólico de la hija del corregidor, una representación popular que forma parte del relato local, no de la historia nacional.
Confundir estos elementos demuestra que Roberto Solís no conoce ni la historia de México ni la de Huejotzingo. Y lo más preocupante es que esa ignorancia fue expresada públicamente, sin asesores, sin correcciones y sin el mínimo respeto por una tradición que ha dado identidad al municipio a nivel nacional e internacional.
Un presidente municipal no está obligado a ser historiador, pero sí tiene la responsabilidad de informarse, respetar y dignificar la cultura del pueblo que gobierna. Cuando quien encabeza el Ayuntamiento trivializa el carnaval y lo reduce a una narrativa falsa y simplona, lo que hace es menospreciar a los propios huejotzingas.
La historia no es un adorno para discursos improvisados ni una ocurrencia para quedar bien frente al micrófono. La historia es memoria, identidad y respeto. Y cuando un alcalde demuestra no conocerla, lo que queda claro es que gobierna sin raíces, sin preparación y sin el entendimiento mínimo de su propio pueblo.
En Huejotzingo, el carnaval no necesita explicaciones ignorantes. Necesita autoridades que lo entiendan, lo defiendan y lo honren. Porque cuando la ignorancia gobierna, la cultura es la primera en pagar las consecuencias.

