La gran estafa electoral: Ecuador no eligió a Novoa

Loading

Por Chester Hernández.

Lo que ocurrió en Ecuador no fue una elección, fue un espectáculo grotesco disfrazado de democracia. Daniel Novoa no ganó. Lo impusieron. Y lo peor: lo hicieron a plena luz del día, frente a millones de ecuatorianos que hoy ven cómo su voto fue convertido en ceniza.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) se apresuró en cantar victoria, mientras el sistema se caía, las actas se “perdían” y las cifras oficiales no cuadraban ni con calculadora en mano. Un fraude burdo, mal hecho, descarado. Pero efectivo. Porque una vez más, el poder pisoteó la voluntad del pueblo y se salió con la suya.

Los indicios son tan evidentes que resulta insultante la narrativa oficial. Videos de boletas manipuladas, urnas abiertas sin custodia, inconsistencias masivas en los registros… ¿Y la respuesta de las autoridades? Silencio. Complicidad. Burla. Lo llamaron “error técnico” cuando lo que vimos fue una manipulación política premeditada.

Los medios tradicionales, en su mayoría, eligieron el papel de cómplices. Callaron cuando debieron gritar. Celebraron una “fiesta democrática” mientras la democracia se desangraba. Y el pueblo, ese que hizo fila para votar creyendo en un cambio real, fue traicionado una vez más.

¿Quién ganó? No fue Novoa. Ganó el sistema podrido, las élites que no toleran perder, los intereses que manejan el país como si fuera una finca privada. Esta elección fue un asalto electoral y quienes lo orquestaron deben responder ante el país.

Ecuador no puede quedarse callado. La indignación debe convertirse en presión. La protesta, en acción. Si dejamos que este fraude se normalice, habremos enterrado el voto como herramienta de cambio. Y lo que venga después, ya no será una democracia.

Entradas Destacadas