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Así lo Dice Puebla

Las grutas de la muerte cobran otra víctima.

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Por Chéster Hernández.
Una tragedia anunciada
La muerte de una persona y la desaparición de tres más en una gruta de Cuetzalan no pueden reducirse a una fatalidad. Cuando una tragedia ocurre en un servicio turístico que debió estar regulado, supervisado y operado bajo estrictas medidas de seguridad, la pregunta obligada es: ¿quién dejó de hacer su trabajo?
Ya que «No es la primera vez que hay muertos dentro de esta gruta».
Hoy familias enteras viven horas de angustia e incertidumbre, las autoridades y los responsables del servicio no pueden refugiarse en comunicados ni en explicaciones tardías. La vida humana exige responsabilidades, no excusas.
La empresa o negocio denominado Cuetzalan tu Destino de Aventura enfrenta serios cuestionamientos. De acuerdo con la información disponible, la conducción del recorrido y la seguridad de los visitantes habrían quedado en manos de una persona sin la experiencia necesaria para responder a una emergencia de esa magnitud. Si ello se confirma, no se trataría de un error menor, sino de una decisión que puso en riesgo la vida de quienes confiaron en un servicio que debía ofrecer garantías mínimas de seguridad.
Pero el problema va mucho más allá de un solo prestador de servicios. La verdadera pregunta es cómo fue posible que una actividad de alto riesgo operara sin que nadie detectara o corrigiera posibles deficiencias. ¿Dónde estaban las inspecciones? ¿Quién verificó la capacitación del personal? ¿Qué autoridad comprobó que existían protocolos de emergencia y condiciones adecuadas para realizar este tipo de recorridos?
Las respuestas apuntan inevitablemente hacia las autoridades municipales y estatales. La Dirección de Turismo, Protección Civil y Seguridad Pública no pueden actuar únicamente cuando ya ocurrió una desgracia. Su responsabilidad comienza mucho antes, con la prevención, la supervisión y el cumplimiento de la ley.
El Ayuntamiento de Cuetzalan, encabezado por el presidente municipal Oscar Paula Cruz, tampoco puede mantenerse al margen. Gobernar un municipio con vocación turística implica asumir la obligación de vigilar que quienes obtienen beneficios económicos del turismo lo hagan sin poner en peligro la vida de visitantes y habitantes. La omisión también genera responsabilidades.
Cuetzalan ha construido durante años una imagen de belleza natural y riqueza cultural. Sin embargo, esa imagen pierde valor cuando la seguridad queda relegada y la supervisión institucional parece inexistente. El turismo no puede sostenerse sobre la improvisación ni sobre la confianza ciega de quienes pagan por una experiencia que debería estar protegida por normas claras y autoridades vigilantes.
Hoy hay una persona fallecida, tres desaparecidas y familias destrozadas. Lo mínimo que exige esta tragedia es una investigación transparente, el deslinde de responsabilidades y sanciones para quien resulte responsable. Lo contrario sería convertir el dolor en una estadística más y enviar el mensaje de que en Cuetzalan la negligencia no tiene consecuencias.
Las tragedias no siempre son inevitables. Algunas son el resultado de la indiferencia, la falta de vigilancia y la ausencia de autoridad. Si este caso termina en la impunidad, no solo habrán fallado quienes organizaron el recorrido; habrá fracasado todo un sistema que tenía la obligación de prevenir que una aventura terminara en muerte y desaparición.

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