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Por Chéster Hernández
En Puebla capital, las 17 juntas auxiliares se han convertido, en los hechos, en letra muerta para el ayuntamiento encabezado por Pepe Chedraui. Lejos de ser consideradas como parte integral del municipio, estas demarcaciones enfrentan un abandono sistemático que se traduce en la inexistencia de obra pública, servicios deficientes y una creciente sensación de olvido institucional.
La falta de inversión en infraestructura básica es evidente. Calles deterioradas, alumbrado público insuficiente y sistemas de drenaje colapsados son parte del panorama cotidiano que enfrentan miles de habitantes. La obra pública, simplemente, no existe. Mientras en otras zonas de la ciudad se anuncian proyectos y mejoras, en las juntas auxiliares predomina la inacción, lo que profundiza la desigualdad territorial y social.
Ante este vacío, resulta preocupante que el gobierno estatal tenga que intervenir para atender funciones que corresponden directamente al municipio. Esta situación no solo evidencia una falla administrativa, sino también una omisión política grave. La responsabilidad de garantizar servicios públicos y desarrollo local recae, por mandato constitucional, en los ayuntamientos, no en el estado.
En este contexto, el llamado del gobernador Alejandro Armenta a los alcaldes —y en particular al edil capitalino— no es menor. Recordar el contenido del artículo 115 de la Constitución no debería ser necesario para quienes ostentan un cargo público, pero hoy parece indispensable. Dicho precepto establece con claridad las obligaciones municipales: desde la prestación de servicios básicos hasta la planeación del desarrollo urbano y la atención equitativa de todas las comunidades que integran el municipio.
La situación actual plantea una pregunta incómoda pero urgente: ¿dónde está el gobierno municipal cuando más se le necesita? La falta de presencia en las juntas auxiliares no solo refleja desinterés, sino también una preocupante desconexión con la realidad de miles de poblanos.
Si no hay un cambio inmediato en la estrategia y en la voluntad política, las juntas auxiliares seguirán siendo territorios relegados, sostenidos apenas por la intervención estatal y la resistencia de sus habitantes. Gobernar implica responsabilidad, y en Puebla capital, esa responsabilidad parece estar pendiente.