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Por Chéster de Hernández
La ciudad de Puebla atraviesa uno de sus momentos más evidentes de abandono institucional, mientras el presidente municipal, Pepe Chedraui, y su cuerpo de regidores parecen cómodamente instalados en la inacción. Lejos de responder a las exigencias ciudadanas, han optado por una administración pasiva, más preocupada por la recaudación y los negocios que por el bienestar colectivo.
Resulta alarmante que quienes fueron electos para servir a la ciudadanía hoy parezcan haber olvidado el origen de su mandato. La desconexión entre el gobierno municipal y la realidad cotidiana de los poblanos es cada vez más evidente: calles deterioradas, espacios públicos descuidados y una sensación generalizada de abandono que crece día con día.
Ante este vacío de autoridad municipal, es el gobierno del estado el que ha tenido que intervenir de manera constante. El gobernador ha salido a las calles a realizar tareas que, por ley y por lógica administrativa, corresponden al ayuntamiento. Desde labores de limpieza hasta acciones de seguridad y mantenimiento urbano, la administración estatal ha asumido responsabilidades que no le competen directamente.
Las barredoras estatales recorren avenidas que el municipio ha ignorado, mientras la policía estatal refuerza una seguridad que debería estar garantizada a nivel municipal. Asimismo, los trabajos de obra pública, mantenimiento y rehabilitación de calles están siendo financiados con recursos estatales, evidenciando la falta de compromiso del gobierno local.
La situación es insostenible. Las entradas a la ciudad se han convertido en verdaderos basureros, ofreciendo una imagen deplorable tanto para habitantes como para visitantes. Los camellones de las principales avenidas lucen descuidados, deteriorados, como si fueran piezas olvidadas en un paisaje urbano que alguna vez tuvo orden y dignidad.
La pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo el presidente municipal asumirá su responsabilidad? Puebla no puede seguir dependiendo de la intervención estatal para resolver problemas básicos que son competencia directa del ayuntamiento. Gobernar implica trabajar, dar resultados y responder a la confianza ciudadana, no simplemente ocupar un cargo.
Hoy, más que nunca, Puebla necesita un gobierno municipal presente, activo y comprometido. La ciudadanía no merece excusas ni simulaciones, sino acciones concretas que devuelvan a la ciudad el orden, la limpieza y la seguridad que le han sido arrebatados por la negligencia.

