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Por Chester Hernández
Puebla, Pue.— En un nuevo intento por ejercer presión sobre las autoridades de salud, Julio Alfredo García, secretario general del Sindicato de Trabajadores de Salud del Estado, vuelve a amenazar con un paro laboral, poniendo en juego la estabilidad del sistema hospitalario en Puebla. Lo hace con el discurso de la defensa de los trabajadores, pero con antecedentes que exhiben más ambición política que compromiso social.
Con tono alarmista, el líder sindical advirtió que, si no se atienden sus demandas en un plazo de aproximadamente 15 días, se activará un paro en los hospitales del estado. Aseguró que los servicios de urgencias permanecerán abiertos, “con todo sentido de responsabilidad”, como si su estrategia no generara ya suficiente tensión y riesgo en un sistema de salud que enfrenta carencias reales.
La amenaza ocurre a pesar de que, tras la manifestación del mes pasado, hubo una reunión formal con Jerónimo Lara, delegado federal del IMSS-Bienestar, en la que se alcanzaron acuerdos. Incluso la Secretaría de Gobernación ha cumplido algunas exigencias. Sin embargo, el sindicato afirma que otras no han sido atendidas, y que tanto el secretario de salud estatal como su equipo han ignorado las llamadas del gremio.
Pero el trasfondo del conflicto deja entrever intereses personales. Se le olvida a Julio Alfredo García mencionar que tiene al menos dos de sus hijos colocados en plazas sindicales en el municipio de Tehuacán, además de su esposa y su pareja sentimental —sí, ambas— en instituciones del sector salud en la capital poblana. ¿Cómo puede un líder sindical exigir transparencia y justicia laboral cuando su propio historial está marcado por el nepotismo y el acomodo familiar?
La manifestación de este jueves concluyó con un recorrido simbólico por las instalaciones del Hospital de la Mujer y el Hospital General. No fue más que una puesta en escena que apunta, más allá de la lucha sindical, a una estrategia política: García no oculta sus aspiraciones por la presidencia municipal de San Martín Texmelucan, y este tipo de actos públicos le sirven como plataforma para posicionarse.
Lo que debería ser una defensa legítima de los derechos laborales se convierte así en un ejercicio de presión oportunista, que pone en duda la ética del movimiento y los verdaderos intereses detrás de cada protesta. Cuando los hospitales están en crisis, cuando faltan médicos, medicamentos e insumos, lo último que necesita Puebla es un líder sindical que utilice al gremio como trampolín electoral y escudo personal.



