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Por Chéster Hernández.
La violencia volvió a irrumpir con descaro en el corazón de Puebla. Esta mañana, el mercado Morelos fue escenario de una balacera que, por su forma y ejecución, evocó más a una escena cinematográfica que a la realidad cotidiana de una ciudad que exige seguridad. Sujetos armados, disfrazados de mariachis, muy al estilo de Antonio Banderas, perpetraron un ataque que dejó al menos tres personas heridas y a otra privada de la libertad.
El hecho no solo refleja el grado de impunidad con el que operan grupos delictivos, sino también la sofisticación de sus métodos: utilizar disfraces para pasar desapercibidos en un espacio concurrido habla de planeación y de un preocupante control territorial. La persona secuestrada fue liberada horas más tarde, severamente golpeada, en condiciones delicadas, lo que agrava aún más la gravedad del episodio.
Como si se tratara de un mensaje calculado, en la calle Béisbol fue localizada una camioneta presuntamente vinculada al plagio de una de las víctimas. El vehículo no solo representa una pieza clave en la investigación, sino que en su interior se reportó un mensaje amenazante, evidencia de que la violencia no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia de intimidación.
El mercado Morelos, señalado en múltiples ocasiones como punto de operación de la delincuencia organizada, vuelve a colocarse en el centro de la discusión pública. No es la primera vez, y lamentablemente parece no ser la última. La reiteración de estos hechos pone en entredicho la eficacia de las estrategias de seguridad implementadas en la capital poblana.
Ante este panorama, resulta inevitable cuestionar la respuesta de las autoridades municipales representadas por José Chedraui, La seguridad de los ciudadanos no puede seguir relegándose a discursos ni a promesas. Es una obligación constitucional art 115 y una demanda urgente. La ciudadanía no necesita explicaciones, necesita resultados.
La violencia de esta mañana no solo dejó heridos; dejó en evidencia un vacío de autoridad y una deuda pendiente con la seguridad pública. Puebla no puede normalizar escenas que parecen sacadas de una película de Tarantino. La realidad exige acción inmediata, contundente y sostenida.
Y si José Chedraui no puede con el cargo que renuncie



