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Por Chéster Hernández.
En la política poblana, la defensa del medio ambiente parece, en ocasiones, más una herramienta discursiva que una convicción auténtica. Recientemente, Ricardo Gali —sobrino del exgobernador Antonio Gali Fayad— ha salido públicamente a criticar proyectos de infraestructura argumentando afectaciones a los árboles y al entorno urbano. Sin embargo, su postura ha despertado cuestionamientos sobre la congruencia de quienes hoy se presentan como defensores del medio ambiente.
Las declaraciones de Gali han sido interpretadas por diversos sectores como un intento de posicionamiento político más que como una preocupación genuina. Y es que la memoria pública recuerda que durante las administraciones emanadas del Partido Acción Nacional en Puebla, particularmente en los gobiernos de Rafael Moreno Valle y posteriormente de Antonio Gali Fayad, se ejecutaron proyectos que implicaron la tala de una cantidad significativa de árboles en la capital.
Uno de los casos más citados es la construcción de la Línea 1 del sistema de transporte articulado, impulsada durante el gobierno de Moreno Valle, proyecto que implicó la tala de aproximadamente 700 árboles en distintos puntos de la ciudad. Posteriormente, con la expansión del sistema y la construcción de las líneas 2 y 3 durante las administraciones panistas, también se registraron intervenciones urbanas que provocaron la tala de 453 especies arbóreas.
A estas obras se sumaron proyectos como la instalación de ciclovías elevadas y a nivel de calle, que también generaron críticas por la eliminación de 235 árboles en diversos corredores urbanos para la ciclovia. En su momento, estas decisiones fueron justificadas bajo el argumento de modernización y movilidad sustentable, pero rara vez se habló de programas amplios de reforestación que compensaran el impacto ambiental.
Hoy, frente a proyectos actuales como el Cablebús —donde se ha informado que se removerían alrededor de 110 árboles con el compromiso de plantar cerca de 10 mil ejemplares— surgen voces que denuncian daño ecológico. La pregunta que inevitablemente aparece es dónde estaban esas mismas voces cuando se ejecutaban las obras de administraciones anteriores.
Cómo la tala de 4000 árboles de encino para hacer un camino a la escuela de entrenamiento policíaco Ignacio Zaragoza.
El contraste es evidente para muchos observadores: mientras en el pasado se avalaron proyectos con impactos ambientales considerables, hoy algunos actores políticos adoptan un discurso ecologista que parece selectivo y oportunista.
La discusión de fondo no debería centrarse únicamente en la confrontación política, sino en la necesidad de una política ambiental coherente y sostenida en el tiempo. Puebla enfrenta retos importantes en materia de áreas verdes, calidad del aire y planeación urbana.
La defensa del arbolado urbano no puede depender del color partidista ni de coyunturas electorales.
Si algo exigen los ciudadanos es congruencia. Porque cuando la defensa del medio ambiente se utiliza como bandera política momentánea, pierde credibilidad y se convierte, simplemente, en otra expresión del doble discurso que tanto ha desgastado a la vida pública del país.

