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Por Chéster Hernández
La violencia volvió a irrumpir en la capital poblana. La tarde de este domingo 3 de mayo, en el marco del Día de la Santa Cruz —fecha en la que tradicionalmente se celebra a los albañiles—, una balacera registrada en la tortillería “10 de Mayo”, ubicada en la zona de Xonaca, dejó como saldo una persona muerta. El hecho, ocurrido en un día significativo para miles de trabajadores, se vio marcado por el miedo y la incertidumbre entre vecinos y transeúntes.
Testigos relataron momentos de pánico tras escuchar múltiples detonaciones de arma de fuego, mientras que la respuesta de las autoridades municipales fue, una vez más, tardía y rebasada por la gravedad de los hechos. Elementos de seguridad arribaron cuando la escena ya estaba consumada, evidenciando fallas en los tiempos de reacción.
Este nuevo episodio no puede entenderse como un hecho aislado. Se suma a una serie de eventos violentos que reflejan el deterioro de la seguridad pública en el municipio. La percepción ciudadana es contundente: la estrategia de la Policía Municipal no está funcionando y la capacidad preventiva es prácticamente inexistente.
Las críticas recaen directamente en la administración del presidente municipal, José Chedraui, cuya gestión ha sido señalada por su falta de resultados concretos en materia de seguridad. Para muchos ciudadanos, la prioridad del gobierno municipal parece alejada de las necesidades urgentes de la población, que hoy exige vivir sin miedo.
Mientras los discursos oficiales hablan de avances, la realidad en las calles contradice esas versiones. La ejecución en Xonaca no solo deja una víctima mortal, sino que también profundiza la desconfianza social hacia las autoridades.
Lo ocurrido este 3 de mayo no solo mancha una fecha emblemática para los trabajadores de la construcción, sino que también pone en evidencia la urgente necesidad de replantear la estrategia de seguridad en Puebla. La ciudadanía demanda acciones firmes, resultados claros y un compromiso auténtico con la protección de la vida.