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Por Chester Hernández
Una denuncia que comenzó a circular en redes sociales ha encendido nuevamente las alertas sobre las condiciones y el manejo del sistema penitenciario del estado de Puebla. El documento, cuya autenticidad y contenido no han sido confirmados por las autoridades, describe una presunta estructura de corrupción, sobreprecios, autogobierno y actividades delictivas al interior de diversos centros de reclusión, por lo que ciudadanos exigen una investigación exhaustiva e independiente.
De acuerdo con el escrito, el Centro de Reinserción Social (Cereso) de San Miguel sería el principal punto de operación de una supuesta red que controlaría las tiendas penitenciarias mediante un esquema de concesiones irregulares. Los denunciantes afirman que dos personas identificadas como «Memo» y «Kike», presuntamente vinculadas con un individuo de apellido Bobadilla Carpy y con el director del penal, Jorge «N», controlarían la distribución de productos básicos no solo en San Miguel, sino también en los penales de Tehuacán, Huejotzingo, donde Roberto Solís Córdina, Huauchinango, Ciudad Serdán, Tepexi de Rodríguez, el CIEPA y el Penal de Adultos Mayores.
La denuncia sostiene que este presunto monopolio permitiría incrementar artificialmente los precios de los alimentos y artículos de primera necesidad, obligando incluso a personas privadas de la libertad a revender la mercancía con nuevos sobreprecios, generando ganancias indebidas a costa de una población que depende de esos insumos para subsistir.
El documento también describe un supuesto esquema de autogobierno dentro del Cereso de San Miguel, en el que internos tendrían el control de distintas áreas estratégicas y de actividades ilícitas, incluyendo la presunta distribución de drogas y la administración de espacios productivos y de convivencia. Asimismo, señala que en el área conocida como Estancia operarían personas que se identifican como integrantes de un grupo delictivo, quienes presuntamente controlarían depósitos de dinero, extorsiones y la economía interna del lugar.
Entre las acusaciones más delicadas se encuentra la supuesta renta nocturna de teléfonos celulares para evitar que estos sean asegurados durante revisiones sorpresa, lo que, de confirmarse, evidenciaría fallas graves en los mecanismos de seguridad y supervisión dentro del sistema penitenciario.
Aunque hasta el momento no existe un pronunciamiento oficial que confirme o desmienta el contenido de esta denuncia, la gravedad de los señalamientos obliga a las autoridades estatales y a los órganos de control a esclarecer los hechos. Ignorar acusaciones de esta magnitud solo alimenta la desconfianza ciudadana hacia las instituciones encargadas de garantizar la legalidad y la reinserción social.
Los ciudadanos que difundieron el documento solicitaron una auditoría inmediata e investigaciones imparciales en todos los centros penitenciarios señalados, con el objetivo de determinar si existen responsabilidades administrativas o penales. Si las acusaciones resultan falsas, corresponde a las autoridades demostrarlo con transparencia; si son ciertas, el Estado tiene la obligación de actuar con firmeza para desmantelar cualquier red de corrupción que haya convertido los penales en espacios de impunidad y beneficio ilícito.
