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Por Chéster Hernández
La administración municipal de Cuautlancingo vuelve a quedar exhibida por la falta de preparación y capacidad política de su alcalde, Omar Muñoz. En esta ocasión, quien terminó dándole una verdadera lección pública fue el presidente del Congreso del Estado, Pavel Gaspar, al evidenciar las inconsistencias, la falta de pericia y el escaso conocimiento con el que se conduce el edil.
La escena dejó en claro una realidad que cada vez es más evidente para los ciudadanos: Omar Muñoz parece no entender la responsabilidad del cargo que ocupa ni el contexto político y administrativo en el que se encuentra. Sus constantes errores, declaraciones desafortunadas y decisiones improvisadas reflejan una preocupante ausencia de liderazgo.
Resulta inevitable cuestionar el papel de sus asesores y el millonario gasto en medios de comunicación y propaganda institucional. De poco sirven las campañas de imagen cuando la realidad termina imponiéndose y dejando al descubierto las carencias de un gobierno municipal sin rumbo.
La crítica no surge únicamente desde la oposición política, sino desde una ciudadanía cansada de observar cómo el municipio permanece atrapado en la mediocridad, mientras los problemas cotidianos continúan creciendo sin soluciones claras. La falta de estrategia, experiencia y conocimiento ha convertido a la administración de Omar Muñoz en un gobierno reactivo, más preocupado por la apariencia pública que por ofrecer resultados.
Cuautlancingo merece autoridades preparadas, no mediocres, sin visión y capacidad para gobernar, no improvisaciones que sólo profundizan el rezago y el desencanto social.
