![]()
Por Chéster Hernández
La madrugada de este domingo volvió a teñirse de sangre en Tehuitzingo. Diez integrantes de una misma familia fueron ejecutados durante un ataque armado que evidencia, una vez más, el nivel de violencia y abandono en el que viven los habitantes de este municipio. Entre las víctimas se encuentran seis hombres, tres mujeres y una menor de edad, inocentes atrapados en una espiral de terror que desde hace años consume a la región.
La tragedia no sólo expone la brutalidad de la delincuencia organizada; también deja al descubierto la incapacidad, indiferencia y omisión de las autoridades municipales, que han permitido que Tehuitzingo se convierta en una auténtica zona roja. La pregunta es inevitable: ¿dónde estaba la autoridad mientras un comando armado asesinaba a diez personas? ¿Dónde quedaron las estrategias de seguridad, los patrullajes y la supuesta vigilancia que tanto anuncian en discursos oficiales?
Desde hace tiempo, habitantes de la región han denunciado el crecimiento de grupos criminales, el aumento de ejecuciones y el clima permanente de miedo. Las alertas fueron ignoradas. Hoy, el resultado es devastador: familias enteras destrozadas y una comunidad sometida por la violencia.
Lo más grave es que esta masacre no puede calificarse como un hecho aislado. Es consecuencia directa de años de abandono gubernamental, de autoridades rebasadas o complacientes, y de una estrategia de seguridad inexistente. Mientras los ciudadanos viven con miedo, los delincuentes operan con total impunidad.
La muerte de una menor de edad durante este ataque representa el rostro más cruel de una violencia que ya no distingue límites. Cuando los niños son asesinados y las familias completas son ejecutadas, queda claro que el Estado ha perdido el control.
Tehuitzingo no necesita discursos vacíos ni promesas de ocasión. Necesita justicia, presencia real de las fuerzas de seguridad y autoridades capaces de enfrentar la crisis. Porque mientras los gobiernos callan o minimizan la situación, la delincuencia sigue avanzando y cobrando vidas.
Hoy diez personas fueron asesinadas. Mañana podrían ser más. Y si las autoridades continúan ausentes, el silencio oficial terminará siendo tan criminal como las balas.
